Vídeo participativo para el cambio social

Noticiero Intercultural, NIC (Laura Cabezas)

1. Describe brevemente la utilización que hacéis del audiovisual en tu organización

A partir de 2003, en la ONGD ACSUR-Las Segovias, junto con otras organizaciones sociales, abrimos una línea de trabajo dedicada al vídeo participativo. Llevamos a cabo diversos proyectos de comunicación solidaria basados en el uso de las nuevas tecnologías de creación audiovisual. Los nombres de los proyectos variaron a lo largo del tiempo: del Noticiero Internacional de Barrio (NIB) al Noticiero InterCultural de Bolivia y Guatemala (NIC), pasando por Videocartas de ida y vuelta, entre otros. A partir de ahora me referiré genéricamente a todos  ellos como “noticieros”.

Los noticieros son documentales realizados por personas pertenecientes a organizaciones sociales de América Latina y Europa. Estas personas, tras procesos breves de formación en técnica y narrativa audiovisual, realizaban documentales de forma colaborativa e íntegra, desde la idea hasta el montaje, expresando sus particulares puntos de vista sobre las realidades que viven. Estos vídeos, realizados en torno a un tema común desde ambos lados del océano, se montaban en un programa único: el noticiero.  Los noticieros trataban sobre temas diversos de interés social como las resistencias urbanas, las organizaciones de mujeres, la memoria, el ecologismo, la autogestión o el acceso a los servicios básicos. Los noticieros, bajo licencias Copyleft,  se difundían (y aún se difunden) a través de internet, de televisiones (asociativas, comunitarias, indígenas, educativas, etc.) y mediante proyección directa itinerante en plazas, centros sociales, culturales, universidades, escuelas, festivales, etc.

Un ejemplo concreto permitirá entender mejor el proceso. Para el Noticiero Internacional de Barrio que tenía por tema “la precariedad laboral” contactamos en Bolivia con la Federación de Mujeres Trabajadoras del Hogar de El Alto. Diez de sus integrantes participaron en un curso de formación en vídeo participativo de unas 60 horas de duración. Aprendieron a manejar las videocámaras, a componer planos, a controlar el audio, a realizar un plan de rodaje y salieron  a las calles a grabar. El resultado tangible de ese taller fue un vídeo documental  de 5 minutos sobre sus propias condiciones de trabajo, expresadas en primera persona del plural. Su documental, fue montado en un programa único, el “noticiero”, junto a otros 7 documentales realizados con similar metodología pero por otras organizaciones sociales y desde otras latitudes: Brasil, Colombia, Venezuela, Francia o España.

El resultado es un diálogo audiovisual en condiciones de igualdad entre colectivos que se desconocen  entre sí y que normalmente están invisibilizados o estigmatizados por los medios de comunicación convencionales. A través del noticiero, por ejemplo,  una asociación parisina que denuncia los desmanes de una transnacional francesa que hace negocio con el acceso al agua  dialoga con vecinos y vecinas de Cochabamba (Bolivia) que luchan contra la privatización del agua en su barrio.  Es decir, los noticieros conectan las luchas y humanizan los procesos sociales.

2. ¿Cuáles son los principales objetivos de vuestro trabajo?

Los objetivos de nuestro trabajo fueron siempre enormes, aunque los resultados y los alcances hayan sido muy modestos. Nuestro trabajo en comunicación y en vídeo participativo tenía como objetivo primero y último la generación de una ciudadanía crítica capaz de ejercer presión sobre quienes deciden y ordenan las desigualdades que atraviesan el mundo de Norte a Sur. Concebimos la comunicación como una herramienta clave para la transformación social.

En nuestro horizonte ha estado siempre reivindicar y poner en práctica experiencias concretas que nos permitan ejercer el derecho a la comunicación. Esto pasa, en primer lugar, por colectivizar y distribuir el acceso a los medios de producción audiovisual, promover el acceso a la formación necesaria para poder crear programas audiovisuales y el acceso a los medios de comunicación social. Es decir, contar con un Tercer Sector Audiovisual (alternativo, no vinculado a empresas ni a partidos políticos) articulado y en red a nivel local, nacional e internacional, integrado por televisiones comunitarias, asociativas, públicas, vecinales, indígenas, etc. Una red con peso y prestigio social que  sea capaz de contrarrestar los mensajes lanzados por las corporaciones mediáticas, que tienen intereses económicos y políticos muy concretos. Cuando el derecho a la comunicación es ejercido por un número amplio y plural de actores sociales, todas las sociedades ganamos.

Otro objetivo de nuestro trabajo fue contestar la imagen estereotipada y paternalista que los medios convencionales y muchas de las ONGD  ofrecen de las gentes del Sur. A menudo se muestran las problemáticas que se viven en el Sur como inevitables, sin contexto, no se explican las causas que las generan ni se aportan alternativas. Por ello consideramos imprescindible que sean las propias personas protagonistas de ciertas problemáticas quienes construyan activamente los mensajes sobre su situación. Si queremos hablar de la migración, ¿quién mejor que una persona a la que se le niegan los derechos más elementales por no tener papeles para contárnoslo?

3. ¿Cuál ha sido la principal ventaja y el principal obstáculo que os habéis encontrado en vuestra práctica diaria?

Desde el punto de vista de las organizaciones sociales que han participado en los procesos de formación en vídeo participativo, una de las grandes ventajas ha sido su gran interés y motivación por incorporar las herramientas de comunicación audiovisual a su práctica social. Es decir, compartíamos la convicción de que utilizar el vídeo podía fortalecer nuestra acción política y social.También los noticieros han resultado ser herramientas muy útiles a pequeña escala para el planteamiento y dinamización de debates respecto a temáticas sociales que suelen ser ignoradas o simplificadas por los medios de comunicación convencionales.

En cuanto a las desventajas, dado que todo el trabajo que hemos realizado ha ocurrido en el marco de proyectos subvencionados por la Ayuda Oficial al Desarrollo, hemos encontrado todas las limitaciones y dependencias intrínsecas a este ámbito. Ningún proyecto de ninguna ONGD, por ambicioso que sea,  consigue por sí mismo resultados significativos en la reducción de la brecha digital. Tampoco consigue  democratizar el acceso a los medios de comunicación o garantizar el pleno ejercicio del derecho a la comunicación. Si estas acciones no van acompañadas de sólidas políticas públicas a nivel local, nacional e internacional en materia de comunicación, los proyectos pos sí solos no pueden cambiar las condiciones estructurales que generan las brechas, ni afectar la ofensiva de las corporaciones mediáticas hacia los movimientos sociales o la simplificación de las cusas de las injusticias propia de su discurso.

En lo concreto, una de las problemáticas ha sido poder garantizar el acceso de las organizaciones sociales a los equipos de producción audiovisual una vez finalizados los proyectos. Intentamos paliar esta realidad apoyando la creación de Centros de Formación y Recursos Audiovisuales ubicados en el seno de organizaciones sociales de sólida trayectoria en los barrios o comunidades en los que trabajamos. En estos centros, hay comunicadoras y comunicadores populares formados en realización audiovisual que apoyan a las organizaciones sociales para que puedan continuar realizando documentales. Las unidades de producción audiovisual (cámara, micrófonos, ordenador y programa de edición) se prestaban gratuitamente a organizaciones sociales previa presentación de un proyecto que garantizara el uso social de los equipos. Esto ha funcionado relativamente bien, pero los equipos audiovisuales tienen una vida útil limitada, y una vez superados los cinco o seis años, se vuelve a tener el problema del acceso a los equipos si no se cuenta con recursos económicos para adquirirlos.

Pero el mayor obstáculo que hemos encontrado, sin duda, es no poder difundir los mensajes a nivel masivo a través de televisiones con alcance y audiencia significativos. A pesar de haber dedicado esfuerzos ingentes a  difundir los noticieros por todos los frentes posibles, no hemos conseguido que las puertas de las cadenas de televisión, ni siquiera las de las públicas, se abran a los contenidos elaborados por las organizaciones sociales. Este ha sido y es el mayor escollo.

 4. ¿Recuerda algún momento especial o anécdota ilustrativa que destaque el potencial de sumar imágenes y participación ciudadana?

De todas las experiencias que vivimos en estos procesos hay una que refleja muy bien el potencial articulador del vídeo participativo. Las Mujeres Trabajadoras del Hogar de El Alto, estrenaron su documental organizando un video-debate sobre sus condiciones laborales en la Casa Juvenil de las Culturas Wayna Tambo, también en El Alto. Este es un centro juvenil autogestionado en el que convergen numerosas organizaciones juveniles y culturales alteñas y que cuentan con una emisora de radio muy popular entre la población. Al finalizar el debate, Radio Wayna Tambo le ofreció a las mujeres trabajadoras del hogar un espacio radiofónico semanal para que ellas pudieran dar a conocer a un público amplio sus propuestas, sus denuncias, sus puntos de vista, articularse con otras organizaciones y colectivos, etc. El programa no se hizo realidad, en parte debido a que las jornadas laborales extenuantes de estas mujeres hacen muy complicada la gestión de un programa semanal. Pero las ondas se abrieron para ellas, y es un logro que no hay que subestimar.

5. ¿Cómo ves el futuro a medio plazo de vuestro proyecto y qué cambios anticipas en el sector del video participativo?

Siguen existiendo importantes barreras tecnológicas, económicas y políticas para el pleno ejercicio del derecho a la comunicación por parte de la ciudadanía y sus organizaciones. También asimetrías regionales y sociales en el acceso a los medios de creación y difusión  audiovisual que no podemos minimizar. Pero hay avances que no son menores: el inicio del siglo XXI ha traído consigo la digitalización, la popularización progresiva de videocámaras de “uso doméstico”, de ordenadores personales y de los programas de edición no lineal de vídeo. Una unidad de producción audiovisual completa que en los años 90 podía costar alrededor de los 15.000 euros, pasa ahora a estar disponible, en su versión “no profesional” por unos 1.500. Con la proliferación de teléfonos móviles que graban vídeo y el acceso creciente a Internet, las posibilidades de realizar nuestros propios mensajes y que sean difundidos masivamente se amplían de forma exponencial. Comienzan a darse las condiciones para que la creación audiovisual no sea una actividad elitista exclusivamente ejercida por profesionales al servicio de los intereses de empresas y gobiernos. Se abren las puertas del mundo audiovisual para los movimientos sociales y la ciudadanía en general. A esto se le suma la posibilidad de autopublicar los contenidos a través de Internet y llegar potencialmente a un número enorme de personas sin pedir permiso y sin necesidad de contar con grandes infraestructuras para la creación y la emisión de contenidos. Tenemos cada vez más herramientas y muchas cosas que decir. Hace falta, y ahí está el reto, que la ciudadanía demande activamente la existencia de medios de comunicación propios, alternativos. Yo, personalmente, tengo toda la energía puesta en la creación de una televisión por Internet, hecha por y para las organizaciones sociales, y el deseo de que esta y otras televisiones similares sean utilizadas por la ciudadanía como el principal medio de comunicación social a través del cual conectarse a la realidad y transformarla.

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