Vídeo participativo para el cambio social

Alberto Bougleux

1. ¿Qué entiendes por el concepto de video participativo?

El vídeo participativo es una metodología de trabajo creativo que pone el lenguaje y las herramientas de la producción audiovisual a disposición de grupos y colectivos que normalmente no tendrían acceso propio a este tipo de lenguaje y que se apoderan por este camino de un nuevo recurso para explorar, comunicar y en determinados casos producir algún cambio en la realidad que experimentan cada día.

2. ¿Cuáles consideras que serían las ventajas de utilizar una metodología de video participativo frente a otras?

El vídeo participativo representa una oportunidad de cambio y transformación a diferentes niveles. A a nivel individual, como experiencia personal de aprendizaje y apoderamiento técnico y artístico.A nivel de grupo, como experiencia de trabajo creativo colectivo que además a través del audiovisual produce una comunicación pública cuyo protagonista o autor es el grupo mismo, que se ve llamado a elaborar su propia identidad en forma nueva. A nivel local (barrio), ya que el entorno y la realidad objeto del taller de vídeo participativo se representa desde puntos de vistas inéditos e inesperados. A nivel urbano o más amplio, ya que la pieza realizada por los participantes de un taller de vídeo participativo está pensada para que sea comprensible y comunicable también a públicos ajenos que no tienen noción directa de la realidad representada en los vídeos. En otras palabras, el vídeo participativo es una interesante experiencia de ciudadanía activa que pone a disposición de personas y colectivos normalmente “al margen” la posibilidad de romper su propio anonimato y convertirse en narradores conscientes de su propia comunidad y, allí donde posible, también para comunidades más amplias. Se trata en síntesis de una herramienta de cambio social a través de una intervención artística que encuentra su fundamento y su recurso creativo principal en la participación popular.

3. ¿Cuáles consideras que son las principales dificultades a la hora de abordar un proceso de video participativo? (representatividad, organización, sostenibilidad, toma de decisiones, etc.)

La principal dificultad del proceso de vídeo participativo es la constitución o localización del grupo o colectivo que participará en proceso mismo. Por esto, normalmente el vídeo participativo es una actividad de “segundo nivel”, que se dirige a grupos o colectivos que ya se han formado por otras razones, y que pueden aprovecharse de la propuesta del audiovisual participativo para elaborar en forma nueva y más consciente su propia identidad pública y privada. Según el grado de marginalidad y conflictividad del grupo al que se dirige el proceso de vídeo participativo, otra importante dificultad puede ser la continuidad y la motivación, sobretodo allí en donde el proceso se propone en contextos urbanos amplios y muy abiertos a otros estímulos y propuestas que prometen menos compromiso y exposición personal. Siempre según la complejidad y las problemáticas propias de cada grupo, otra dificultad – que sin embargo representa el trabajo mismo del proceso participativo, que es indudablemente un proceso negociado con resultado abierto – puede ser la composición de diferentes instancias y propuestas individuales en un programa de trabajo colectivo compartido y suficientemente motivador para todos los participantes.

4. ¿Consiguen las experiencias de video participativo los resultados esperados? ¿Tienen suficiente impacto público?

En base a la experiencia de los talleres de la Escola Popular de Cinema y de muchos más realizados en los últimos diez años, puedo decir que en la gran mayoría de los casos la respuesta es positiva y el proceso de vídeo participativo se convierte para los participantes en una importante experiencia de apoderamiento técnico-artístico y de elaboración de una forma de ciudadanía a través de la comunicación de vivencias y experiencias a menudo privadas que, exploradas con ojos nuevos, muestran una nueva relevancia y una nueva necesidad de ser narradas y compartidas. En este sentido, en la metodología de la Escola Popular, si por un lado se considera siempre central el “proceso” del vídeo participativo por todas las razones explicadas arriba, se considera también muy importante y central el “producto” final (el pequeño cortometraje, normalmente documental) de este proceso: un proceso que termine sin producto final dejará al grupo con la sensación ojalá de una muy buena experiencia, pero le privará de su espejo final, y sobretodo de la herramienta principal para compartirla de verdad con el entorno y fuera del grupo mismo. Sin perder la libertad ni la espontaneidad expresiva de quién por primera vez se aproxima a un lenguaje complejo y de manejo no siempre fácil, mantener alta la atención del grupo hacia la finalización de sus esfuerzos en una forma comprensible y comunicable es una de las claves para el éxito de todo el proceso del vídeo participativo. Por este camino, los talleres de vídeo participativo se convierten no sólo en experiencias sociales, sino en experiencias productivas que generan su propia “literatura”, que hace que el mismo vídeo participativo se pueda considerar, sin renunciar a las definiciones anteriores, sencillamente una metodología heterodoxa de producción audiovisual que produce su propio y peculiar lenguaje expresivo.

5. ¿Cómo consideras que han afectado la digitalización, el trabajo en la red y el video online a la práctica del video participativo?

La digitalización ha sido un factor clave para la afirmación y expansión de la metodología del vídeo participativo, que se puede considerar uno de los frentes activos de democratización del acceso a los medios de comunicación audiovisual y de reducción de la brecha digital: el coste decreciente de la tecnología, la amplitud de banda, la posibilidad de crear y alcanzar públicos relevantes a través de las redes sociales son todos elementos que han favorecido y hecho posible el desarrollo de la metodología. Sin embargo, la reciente aceleración en la diseminación de tecnología móvil que incluye posibilidades avanzadas de producir, editar y compartir vídeo (smartphones, tabletsetc), si por un lado parece ayudar el proceso de apoderamiento popular de lenguaje audiovisual, por el otro banaliza y comercializa el atractivo hacia el descubrimiento de su potencial, que reducido a juguete de bolsillo y vinculado a redes sociales que fortalecen los contactos con los círculos consuetudinarios, se ve en peligro de ver sustituida o diluida su capacidad puntual de crear nuevas formas de ciudadanía con una forma de producción y consumo constante de contenido privado, mayoritariamente orientado a finalidades de entretenimiento más que de cambio social.

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